Tras el desembarco argentino en 1982, Londres consideró abandonar las Malvinas

Asesores de Thatcher creían que no valía la pena ir a la guerra y le propusieron que se indemnizara a los kelpers a cambio de que se radicaran en otro país.

 

El gabinete británico que encabezaba la primera ministra Margaret Thatcher llegó a analizar, luego del desembarco argentino en Malvinas en 1982 y antes y durante el enfrentamiento bélico propiamente dicho, abandonar las islas y ofrecerles a los kelpers una indemnizacióna cambio de que se fueran a vivir a otro lugar.

 

Según documentos secretos desclasificados ayer en Londres y dados a conocer hoy por el periódico The Guardian, algunos de los asesores más cercanos de Thatcher estaban convencidos, después de ese 2 de abril en el que desembarcaron en el archipiélago las tropas enviadas por la dictadura que entonces encabezaba Leopoldo Galtieri, de que no valía la pena enfrascarse en una guerra para defender las islas.

 

Los documentos muestran que hubo fuertes divisiones en el seno del gobierno británicosobre la conveniencia de responder militarmente al desembarco argentino y, eventualmente, en qué grado hacerlo.

 

Según The Guardian, el jefe de Gabinete, David Wolfson, planteó en un memo la idea deofrecerles a los kelpers una indemnización. Y hasta sugirió los términos de la misma: un bono de 100.000 dólares por familia y la garantía de por vida para que pudieran radicarse en Gran Bretaña, Australia o Nueva Zelanda, con la ciudadanía completa.

 

Antes que él, el principal asesor económico de Thatcher, sir Alan Walters, había tenido una idea parecida, aunque lo que proponía era que Gran Bretaña buscara que la Argentina compensara económicamente a los isleños.

 

Según los documentos, el entonces canciller sir Geoffrey Howe, estimaba que la idea era lógica pero iba a ser interpretada como una traición, y el secretario privado de la primera ministra, Michael Scholar, respondió que "la dama de hierro" creía que cualquier solución de ese estilo podía implicar el final abrupto de su gobierno.

 

 

Aterrizajes clandestinos en Israel para traer armas y bombas

POR GONZALO SÁNCHEZ

La primera etapa de la Operación Aerolíneas, un secreto guardado durante 30 años.


Tripulación. El piloto Prelooker (segundo desde la izquierda) y sus compañeros, en 1982, en uno de los vuelos habituales de Aerolíneas Argentinas.
Tripulación. El piloto Prelooker (segundo desde la izquierda) y sus compañeros, en 1982, en uno de los vuelos habituales de Aerolíneas Argentinas.

Las misiones se originaban a través del jefe de la Primera Brigada Aérea de Palomar. Luego, sobre el filo de la partida, se informaba el destino al comandante designado, previa entrega de un sobre con 40 mil dólares para utilizar en caso de imprevistos. Las rutas eran Buenos Aires-Recife- Las Palmas-Tel Aviv o Trípoli. La consigna era volar con luces apagadas y en silencio de radio. Sólo media hora antes de cada aterrizaje, los pilotos abrían la frecuencia para pedir las autorizaciones correspondientes: iban a buscar armamento para la guerra.

Así, durante casi dos meses, entre abril y junio de 1982, una cuadrilla de empleados civiles de Aerolíneas Argentinas llevó adelante unoperativo secreto para traer armas al país desde Israel y Libia . Siete pilotos que participaron de la misión lo cuentan ahora, a 30 años, por primera vez, en esta investigación deClarín que empezó a publicarse en la edición de ayer, con el relato del primer vuelo a Tel Aviv.

Es 9 de abril de 1982. Jorge Prelooker recibe un llamado telefónico en su casa de Villa Devoto. Le piden que se presente en Ezeiza por la noche. Tiene un vuelo “especial” . No le dicen a dónde. Supone un viaje a Río Gallegos. En la radio, buenas noticias: se vive un rebrote patriótico por la recuperación de las islas. Los analistas sostienen que la posibilidad no puede ser mejor para un gobierno de facto desgastado, acusado de violaciones a los derechos humanos, con una economía quebrada y un escenario creciente de reclamos sindicales en todo el país. La aventura de la reconquista territorial renueva el proyecto militar de entregar el poder a un gobierno democrático recién en 1990.

A las once de la noche, Prelooker se encuentra con el resto de la tripulación en Ezeiza. Son cuatro comandantes, dos navegantes y un comisario de a bordo. En la oficina de operaciones, se enteran que su vuelo está despachado a Tel Aviv. “Aerolíneas no tenía en esta época servicio regular a Israel –cuenta Prelooker–, quizás por eso el avión operó con indicativo falso: fue el vuelo AR1440/1”, dice el comandante, sereno, como un docente.

Prelooker y los otros tres pilotos son convocados a la oficina del jefe de base, donde los reciben un oficial de la Marina y otro de la Fuerza Aérea. “Nos entregan unos prismáticos –recuerda– y nos dicen: ‘Miren, ustedes van a volar por el Atlántico y queremos que se fijen si ven alguno de estos tipos de buques de guerra’ . A continuación despliega una lámina con las siluetas de los tipos de barcos dibujados. Nos pareció insólito porque es imposible que uno pueda reconocer un barco desde tan alto, pero durante la vuelta volamos más bajo, vimos barcos y al llegar lo reportamos”.

Prelooker recibe la ruta y comprueba que no volarán en línea recta. La orden es evitar África. “Nos explicaron que, dado el destino, ningún país africano autorizará que volemos por su espacio aéreo”, dice.

El Boeing 707 parte de Ezeiza a las 0.40 del 10 de abril, cargado con tres turbinas Dagger que deben ser reparadas en destino. Ese mismo día llegará a Buenos Aires el Secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, para intentar convencer al general Leopoldo Galtieri de que retire a las tropas que habían desembarcado en las islas Malvinas, a cambio de iniciar una mesa de diálogo.

Ajenos a esto, Prelooker y los suyos protagonizan un vuelo sin sobresaltos. Aterrizan en Canarias, cargan combustible, siguen rumbo a Israel. “De Canarias –recuerda Prelooker– volamos al sur de España y encaramos por el Mediterráneo hasta Cerdeña. Sobrevolamos el taco de la bota de Italia, Creta y entramos en la zona de control del radar de Chipre, que en ese momento era un protectorado británico . Nos preguntaron de qué línea éramos… Aerolíneas Argentinas, qué íbamos a decir”.

 

El comandante sigue: “Llegamos a Israel y nos hicieron carretear por una calle oscura . Nos pidieron que cortemos motores y apaguemos las luces. Noche cerrada. Quedamos detenidos sin ver nada. Al cabo de unos minutos, sentimos que se engancha un tractor a la nariz del avión y nos comienza a remolcar en la oscuridad, unos veinte kilómetros. Se detiene, nos piden por interfono aplicar freno, abrir puertas y descender. Bajamos a una pista iluminada sólo por las luces del tractor. Nos suben en un micro y hacemos un viaje de 40 minutos hasta un motelito en el medio del campo”.

Se repartieron en habitaciones, se asearon, volvieron a reunirse para intentar comer algo. Habían probado bocado por última vez en Canarias, diez horas antes. Estaban famélicos. Terminaron comiendo los pocos restos de sandwichitos de miga que uno de los ingenieros de vuelo, previsor, se tomó el trabajo de bajar. “Con eso tiramos –cuenta Prelooker– y nos fuimos a dormir”.

Cinco horas después, a las 9 a.m., les avisaron que el avión estaría listo para partir en dos horas. Una mañana diáfana. Al despertar, confirmaron que el hotel estaba rodeado de terrenos cultivados y casas modestas. “Nos llevaron otra vez al aeropuerto –retoma Prelooker–, a través de un camino con eucaliptus enormes a cada lado. El avión estaba en medio de una plataforma de 200 metros de largo por 100 de ancho. Aparentemente era el principal centro de mantenimiento de la Fuerza Aérea israelí. Era imposible verlo de afuera. La representante de Aerolíneas nos informó que el avión estaba cargado con unas turbinas y que el resto eran cajas con minas antitanque y antipersonales.

” En ese momento, uno de los integrantes del vuelo sacó una cámara de fotos y se le fueron encima tres militares. “ Esto es una base secreta ”, le explicaron. Los argentinos recibieron el avión con combustible para llegar a Canarias. Pero cuando estaban por salir, volvieron a detenerlos: había aparecido carga de último momento. “Eran camperas –explica Prelooker–, pero no eran pocas. Se cargó todo el espacio que quedaba del avión con esas camperas, que pesaban unas cinco toneladas. Naturalmente, volaríamos excedidos de peso.” Despegaron. Llegaron a Canarias. “Allí –continúa– recibo un mensaje en el que me piden que trate de evitar la escala de Brasil. Ahora levantar vuelo fue muy complicado. Tardamos mucho en hacer girar al avión. Quedamos volando bajo y consumiendo mucho más combustible.” A pesar de todo, el vuelo fue normal. En el tramo entre Canarias y Cabo Verde, divisaron tres barcos importantes. Estaban pintados de gris y dejaban “unas estelas infernales” en el mar.

 

Avanzaban al Sur . En los días previos a la guerra, los niveles de operatividad de las Fuerzas Armadas, sobre todo en lo referido a servicios de inteligencia, eran verdaderamente básicos. El episodio de los binoculares es una muestra de ello. Pero más allá de eso, este hecho protagonizado por Prelooker durante la tarde del 11 de abril de 1982 podría tratarse de la primera certeza que el Gobierno argentino recibía sobre el avance de la flota inglesa hacia las islas . El libroMalvinas, la trama secreta , sin embargo, documenta como primera certificación la realizada por un Boeing 707 destinado a Cabo Frío, Brasil, que al ser interceptado por un avión Harrier debió desistir de su objetivo.

A pesar del esfuerzo, Prelooker no consiguió llegar a Buenos Aires. “Por el consumo que estaba haciendo el avión, tuvimos que hacer escala en Río de Janeiro. Pedimos autorización, declaramos que éramos carguero y nos dieron una posición separada de las líneas de pasajeros. Cargamos combustible. Nadie preguntó nada. Y nos fuimos.” El 12 de abril a las 23.20, el segundo vuelo de la misión aterrizó en la base aérea del Palomar, casi 71 horas después de haber partido. “Por supuesto –concluye Prelooker– no se cumplió con ninguno de los tiempos para descanso y trabajo que establecen nuestros manuales de seguridad. Pero sabíamos que estábamos siendo parte de un hecho excepcional. Es todo cuanto recuerdo.” El 2 de mayo, la guerra ya era una realidad. Y la Argentina lamentaba el hundimiento del crucero General Belgrano. Ese día, el comandante Gezio Bresciani fue convocado para volar, en otro vuelo secreto, a Ciudad del Cabo. Le dijeron, además, que antes de despegar le darían un password que nunca llegó.

“Estuve en Ezeiza a las cinco de la mañana del 3 de mayo –recuerda Bresciani– y sólo había un mensaje: que por favor llamara a tal teléfono, que me iba a dar la clave antes de partir. Discaba y no atendía nadie. Finalmente, me ordenaron que me fuera al avión, que el password me lo darían durante el vuelo. Empezamos mal: las comunicaciones aéreas en esa época no eran fáciles. De todos modos, no quedaba claro para qué era esa clave” Bresciani continúa: “Las indicaciones eran que yo despegaba a las 6 a.m., no me comunicaba con nadie, ni siquiera con la torre, y me iba a Sudáfrica”. El 707 comenzó a carretear a la hora señalada, con una tripulación compuesta por el comandante, otros dos pilotos, un navegador, un comisario y un técnico de vuelo. Era un viaje ida y vuelta, sin descanso. Pero comenzaron los inconvenientes.

Bresciani recuerda: “Pongo en marcha el avión, carreteamos y cuando estamos avanzando hacia la pista, la torre de control dice: ‘Lima, Golf, Papa (la matrícula era LGP), ¿a dónde va?’. Les pregunto si ellos no tienen alguna instrucción especial para dejarme salir y me dicen: ‘No, negativo, vuelva a la plataforma’”.

El comandante pegó la vuelta. Estaba desconcertado. Debió esperar una hora hasta que la situación se destrabó. Consiguió permiso para partir pero monitoreado por la torre. Volvió a carretear, despegó sin problemas y cuando por radio le comunicaron que dejaba de ser controlado, apagó el equipo de comunicación. El vuelo seguiría en silencio hasta destino.

Bresciani conocía la ruta. Desde mucho antes de la guerra, la línea 707 de Aerolíneas Argentinas ya volaba a Sudáfrica. Estabilizó el avión, pasaron la línea de la Isla de Ascención, no divisaron nada desde el aire (también llevaban prismáticos) y finalmente cambió de mando para echarse a descansar. Era un día claro y luminoso. Se complicó de golpe.

 

“Estaba durmiendo y me despiertan zamarreándome. Llamaban por frecuencia desde Buenos Aires con la orden de que pegáramos la vuelta. Del otro lado, en la frecuencia, había un despachante de aduana, de apellido Cartele, un hombre que fumaba en pipa. Me acuerdo de mí, sentado, en calzoncillos, en la cabina preguntándole a Cartele si estaba seguro que había que volver. Me dice sí, positivo, que volviéramos. Era una situación límite porque si pasábamos el punto de no retorno, ya no podíamos pegar la vuelta, teníamos que seguir a la próxima escala alternativa.” Pegaron la vuelta a tiempo. Cinco horas después de haber partido, luego de adentrarse en el Atlántico unas 1200 millas náuticas, el avión de Bresciani aterrizó en Ezeiza. “Ese fue el vuelo misterioso. Nunca nadie nos dijo nada. Era un día después del hundimiento del Belgrano, o sea que había pleno tráfico militar en el espacio aéreo. Había confusión en las órdenes . Nada parecía bien organizado”, dice Bresciani, a quien se le había encomendado estacionar el avión en un hangar militar de Ciudad del Cabo, esperar que lo cargaran de armas y regresar de inmediato. “Era llamativo, íbamos a un lugar con gran tradición inglesa, supuestamente a buscar armas. Y yo me preguntaba, ¿nos van a mandar armas los mismos ingleses?” Es cierto que la comunidad internacional mantenía en ese momento una suerte de conflicto con Sudáfrica por la cuestión del Apartheid. Sin embargo, según informes de época, la dictadura pasaba por alto el tema y mantenía cierta relación con ese país. Según la información que los pilotos habían recibido, un cargamento de varias toneladas de armas (por lo menos 200) había sido desviado desde España hacia Ciudad del Cabo, en una maniobra de tráfico ilegal. El nombre que circulaba como enlace de toda esa operación con el gobierno argentino era el de un coronel llamado Diego Palleros. El mismo que años después, en tiempos de Carlos Menem, plena democracia, iba a ser enlace en la triangulación ilegal de armas a Croacia y Ecuador. A la Operación Aerolíneas, todavía le quedaban muchas millas por volar.

 

La conexión Libia

Sobre bombas y tontos

 

El líder libio Muhammar Al Khaddafi fue un generoso aliado de la Argentina durante Malvinas. A fines de mayo de 1982 envió dos aviones Boeing 707 cargados de material bélico: quince misiles aire-aire 530 calorías, veinte misiles Istrella lanzador Kasef, sesenta misiles Istrella proyectiles Maksuf, morteros de 60 milímetros, mil bombas iluminantes y varias municiones. "Khaddafi puso el armamento a nuestra disposición y cargamos rápidamente los aviones "cuenta el brigadier Teodoro Waldner, protagonista de las negociaciones con el coronel musulmán". Exocets dijo que no tenía. Mucho de este material no fue utilizado durante la guerra. Desconozco por qué.

Las tratativas con Libia comenzaron en abril del 82. Ese mes viajaron a Trípoli el brigadier Teodoro Waldner, el general José Segundo Dante Caridi (quien más tarde conduciría el Ejército), el almirante Benito Moya, un sacerdote musulmán "profesor de Cultura Oriental en la Universidad Católica Santo Tomás de Aquino de Tucumán" y el rector de esa Universidad, fray Aníbal Fosbery. "El primer viaje fue más bien protocolar "opina Waldner". No nos entrevistamos con Khaddafi, sino con el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas libias, un general de tez oscura que comentó: `Los argentinos deben tener un padrino muy poderoso para lanzarse a una guerra contra Inglaterra, y si no es así, son muy tontos'. Yo le contesté: `General, somos tontos'; mi respuesta lo sorprendió." El 14 de mayo del 82 viajó una nueva comitiva con una carta del presidente Galtieri para Khaddafi, que decía: "Nuestro país ha sufrido el ataque artero de las fuerzas colonialistas ateas y anticristianas que Su Excelencia bien conoce. Estamos convencidos de que esta Cruzada Nuestra tiene el sentir del Yhihad o Guerra Santa". "Yo no recuerdo la carta "aclara Waldner". Pero volvimos con dos Boeing repletos de armamento." El brigadier asegura que Khaddafi no pidió jamás retribución económica. "Les enviamos aviones con frutas porque un temporal había destruido sus cosechas". Esos aviones regresaron a la Argentina con más material bélico. "Cuando la guerra de Malvinas terminó, el líder libio "explica el brigadier José María Insúa, entonces jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea" le preguntó a la junta militar qué hacía con el armamento que tenía para la Argentina." Insúa viajó a Trípoli en febrero del 83. "Nos llevaron a un desierto cerca de Bengazi, donde nos recibió Khaddafi. En la puerta de su carpa me dijo: `El armamento que les envié fue un regalo en conmemoración del 25 de Mayo de 1810'." En abril del 83 llegó a Buenos Aires una comitiva presidida por el ministro de Industria. "Iban a continuar las negociaciones por un préstamo que yo había solicitado. Encontraronsolo indiferencia. La junta militar los ignoró por cuestiones que desconozco. El ministro libio me dijo: `Este un país de gente rara'. Creo que nos daba verguenza que Khaddafi nos hubiera ayudado durante la guerra. Cuando llegó la democracia se perdieron todos los contactos. Incluso la posibilidad de construir una usina nuclear en Libia", concluye Insúa.

Dolores Vidal

 

Las verdaderas bajas britanicas

 

Una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio  de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán  adecuadamente procesados ante una Corte Marcial.

No se trata de un embrión de censura sino de una censura por razones de Estado simplemente. 

Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero  hay certezas de que  uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la guerra de Malvinas. Sin olvidar también, la  simétrica pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos.Gran parte de su logística quedo pulverizada o  sepultada en el Atlantico.

Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos y aproximadamente  280 suicidios en los años posteriores por neurosis de guerra.

 

 Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante siempre tiene mas bajas que el defensor-la relación mas conservadora oscila entre 2  o 3 a uno - esa cifra es totalmente absurda ,  si  calculamos  que se trata de un  terreno de despliegue  parecido a Groenlandia  o  a Escocia . 

A continuación se muestra día a día las bajas que sufrió Gran Bretaña desde su llegada a las Georgias el día 23 de abril hasta el 14 de junio de 1982, cuando las islas son retomadas  nuevamente (En rojo se detalla esencialmente  la cantidad de bajas por cada día de combate): 

BALANCE:

- En color rojo figura el total de caídos en el día.
- Cada vez que se observa un "+", es porque el número de bajas estimado es mayor que el real.
- Entre paréntesis, se ha colocado en varias oportunidades un número estimativo, que es mas bien un porcentaje probable, sobre que cantidad de tropa   ha perecido en cada ataque del día. 

 


23/04: (1) Cae helicóptero Sea King en Georgias.

01/05: 10 (2) Dos harriers destruidos cerca de Puerto Argentino. 8 marinos mueren ante los ataques de la FAA a los siguientes buques:
HMS Arrow, HMS Exeter, HMS Glamorgan, portaaviones HMS Hermes, HMS Alacrity.

02/05: 1 Sea Harrier en Puerto Argentino derribado por un cañon de 20 mm. de artillería.

04/05: 43 (3) Harriers derribados en la Base Aérea Cóndor Malvinas. Hundimiento del HMS Sheffield (40). El portaaviones Hermes pudo haber sufrido el impacto de un Exocet.Esto obliga al portaviones a desplazar su ruta hacia el Este y alarga el radio de acción de  la aviación británica.Otros informes indican que el portaviones fue semihundido.

05/05: 1 (1) infante de marina en Bahía Elefante.

06/05: 2 (2) Son derribados dos Harriers al norte de la Isla Soledad.

12/05: El HMS Glasgow, queda fuera de combate. Ataque al HMS Brilliant.

17/05: 1 (1) es derribado helicóptero Sea King en costas argentinas

18/05: 22 Helicóptero Sea King chocó con Albatros (según fuentes argentinas fue derribado). 

19/05: 1 (1) Cae helicóptero Sea King y muere un experto en SAS.

21/05: 32 Dos Gazelles derribados en San Carlos (3). Es hundido el HMS Ardent (22). Son dejados fuera de combate: HMS Argonaut, HMS Antrim, HMS Brilliant. Es dañado el HMS Broadsword. Son derribados 3 Sea Harriers (1). Es derribado un Sea King (1).

22/05: 1 Es derribado un Harrier.

23/05: 8 Un Harrier se estrelló en salida nocturna del portaaviones Hermes (1). Es hundido el HMS Antelope (7).

24/05: 10 Fueron dañados los siguientes buques: HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere, HMS Fearless (6+). En el caso del Fearless, se estima un número mucho mayor, ya que en ese momento tenía una tripulación de mas de 500 hombres y llevaba alrededor de 300 soldados para desembarcar en San Carlos.Es poco probable que haya tenido solo  6 bajas si calculamos impacto, mas explosión y aceite hirviendo en el agua mas hipotermia.El calculo no parece ser real.

25/05: 135 Son abatidos tres Harriers (3). Son hundidos: HMS Coventry (90+) (se hundió en menos de 20 minutos), HMS Atlantic Conveyor (20). Son dejados fuera de combate: HMS Broadsword, HMS Sir Lancelot. Son dañados: HMS Alacrity, HMS Yarmouth. Dos Sea King son derribados, y otros 2 averiados.

27/05: 11 Mueren siete infantes de marina en San Carlos (7). Son derribados tres helicópteros Gazelles, y un Sea King (4).

28/05: 136 Dos helicópteros Sea King derribados, mas un Scout (3). Muere un soldado en la isla Gran Malvina (1). Entre el 27 y el 29 de mayo mueren (130) hombres del 2 Para y del Royal Auxiliar en la Batalla por Darwin.

Es el equivalente de una compañía de infantería integra.

30/05: 44 Desde el 23 al 30 de mayo mueren (38) hombres en la Batalla por Pradera del Ganso. Sea Harrier se estrella (1). Es atacado el portaaviones HMS Invincible (5+), el cual sufre 1 Exocet y dos bombas de 250 kgs. cada una. Según fuentes extraoficiales el portaaviones se hundió. De ser esa teoría cierta (muy probable) las cifras serían mucho mayores que cinco bajas.

08/06: 162 Ataque en Fitz Roy. Son hundidos: HMS Sir Galahad (89), HMS Sir Tristam (40), lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (6+) (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren (8+) chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos.
Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco misiles de la aviación argentina. 

09/06: 18 Mte. Dos Hermanas, comandos del SAS.

10/06: Perecen (4) infantes de marina por accidente.

11/06: 44 Mueren entre el 11 y el 12 de junio: (3) en Mte. Harriet, (23) del 3 Para en Mte. Longdon, (4) del 45 de comandos, (1) del 42 de comandos, (13) de la compañía B.

12/06: 29 (4) en Mte. Dos Hermanas. Es dejado fuera de combate el HMS Glamorgan (25), siendo atacado por tercera vez, aunque en esta ocasión por un Exocet desde Puerto Argentino.

13/06: 360 entre el 13 y 14 de junio por las Batallas de Mte. Longdon, Mte. Wiiliams y Wireless Ridge. 

14/06: 10 (5) en Zapper Hill, dos Sea King son derribados. Combate en Top Malo House (5).

TOTAL: 1090 caídos, sin contar un posible número mayor (+).

BUQUES AVERIADOS:



Buques perdidos (hundidos o destruídos): 8
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-80) HMS Sheffield
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-118) HMS Coventry
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-184) HMS Ardent
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-170) HMS Antelope
Buque Logístico de Desembarco (L-3005) RFA Sir Galahad
Buque Logístico de Desembarco (L-3505) RFA Sir Tristam
Portacontenedor de Gran Porte Atlantic Conveyor
Lancha de Desembarco Foxtrot 4

Buques fuera de combate (inactivos): 9
Submarino clase Oberon (S-21) HMS Onyx (accidente operacional)
Portaviones Liviano (R-05) HMS Invincible (¿hundido?)
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-174) HMS Alacrity
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-185) HMS Avenger
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-173) HMS Arrow
Fragata clase Leander (F-56) HMS Argonaut
Crucero Liviano clase County (D-18) HMS Antrim
Crucero Liviano clase County (D-19) HMS Glamorgan
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-88) HMS Glasgow

Buques averiados de consideración (casi inactivos) : 5
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-90) HMS Brilliant
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-88) HMS Broadsword
Fragata Tipo 12 clase Rothesay (F-126) HMS Plymouth
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-172) HMS Ambuscade
Buque Logístico de Desembarco (L-3029) RFA Sir Lancelot

Buques averiados: 9
Portaviones Liviano (R-12) HMS Hermes
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-89) HMS Exeter
Buque de Asalto Anfibio (L-10) HMS Fearless 
Buque Auxiliar de Apoyo clase Tide (A-76) RFA Tidepool
HMS Sir Bedivere
HMS Yarmouth
RFA Norland
Dos naves no identificadas (lanchones de desembarco)

TOTAL BUQUES PERJUDICADOS: 31

AERONAVES PERDIDAS:


ESCUADRONES AERONAVALES DE LA FLOTA REAL:
Sea Harrier derribados: 19
Fuera de servicio por fallas y accidentes: 10 
Helicopteros derribados: 13
F/S: 32

RAF
Harrier derribados: 12
F/S: 5
Helos derribados: 12
F/S: 26

ROYAL MARINES
Helos derribados: 13
F/S: 4

EJÉRCITO INGLÉS:
Helos perdidos x derribos y accidentes: 8

Total Sea Harriers derribados: 19
Total Sea Harriers fuera de servicio: 10
Total Harriers derribados: 12
Total Harriers fuera de servicio: 5
Total helicópteros derribados: 46
Total helicópteros fuera de servicio: 62

TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154

Total aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas: 77, de los cuales 46 quedaron inutilizados.
Total helicópteros desplegados en el Atlántico Sur: 171, de los cuales 108 quedaron inutilizados.

CONCLUSIÓN:



TOTAL CAÍDOS: 1090
TOTAL BUQUES DAÑADOS O PERDIDOS: 31
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154

Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue  superior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.

Si hoy las islas se encuentran en posesión británica es esencialmente  gracias a la ayuda que Gran Bretaña recibió de los Estados Unidos de Norteamérica y de la República de Chile  en el marco regional, y demás miembros de la OTAN.

Sin olvidar a la mayoría de los países europeos (excepto Irlanda e Italia), quienes sancionaron económicamente a la Argentina.

 El caso francés fue ambiguo, si bien  Miterrand  facilitó a la Thatcher   el sistema operativo de los Súper Etendard, un general francés en actividad  en la Aeroespacial, conectado con  argentinos en París facilitó que la provisión de repuestos  de las bases francesas en Gabón llegase a la Argentina.

Israel también ofreció ayuda técnica  e Italia quedó sorprendida por la performance de sus aviones ligeros. 

Lo cierto es que un triunfo táctico argentino solo dejaba dos posibilidades, o un ataque   nuclear limitado sobre el continente-políticamente muy costoso para GBretaña  e irracional-los kelpers no se merecían tanto -  o una larga negociación diplomática con evacuación parcial argentino - británica e intervención de la ONU en el teatro de operaciones con una fuerza de interposición modelo greco chipriota.

Datos extraoficiales británicos aseguran que el número de caídos se acercaría  a 1300, lo cual la cifra de más de 1000 bajas no es descabellada ya que el orden de batalla británico era  de ataque pero con  un desconocimiento absoluto de la performance  de los sistemas de armas argentinos que eran europeos en su mayor parte y desbarataba su estrategia de hacer fácilmente pie en las islas.

 

Un Gallipoli Dos  preocupaba al Almirantazgo.

Chile, por su parte  ejecuto un colaboracionismo de baja intensidad pero preventivo.Sectores de la inteligencia chilena siguen sosteniendo que cada   baja  o destrucción del sistema de armas argentino  reforzaba la autonomía chilena que era estrictamente defensiva. Brasil no apostó a la negociación que si encaró el Perú y  por su parte  tanto Venezuela como Cuba se demostraron los dos países mas interesados  en apoyar  militarmente las posiciones argentinas.

La posición  chilena, que mal podía condolerse por la derrota argentina, obligó  al despliegue argentino a dejar parte de  su infantería de montaña para repeler un posible ataque  por la retaguardia y proporcionó inteligencia esencial para los bombardeos británicos.

En el aspecto psicosocial  y cuando  ya los arboles de la ira están apagados  no puede dejar de señalarse   que la población civil kelper fue respetada por los bandos en guerra y que la colaboración y comunicación permanente  de las iglesias católica y anglicana-los vicariatos castrenses están exactamente   para eso - fue útil para  resguardar hombres y  efectuar tareas  humanitarias de intercambio de prisioneros.

En el ínterin los que vivan tendrán que esperar hasta el 2072. 

 

BIBLIOGRAFÍA:

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Pacheco, Julia Solanas, Malvinas ¿Y ahora... qué?, Bs. As., Plus Ultra, 1996.
Preston, Antony, Sea Combat of The Falklands.
Seineldin, Mohamed Alí, Malvinas, un sentimiento, Bs. As., 2004.
The Sunday Times Insight Team, Una cara de la moneda.
Ignacio Montes de Oca, Tierra de Nadie.Editorial Sudamericana, Bs As., 2006.

 

Revelan que Gran Bretaña estuvo a punto de atacar en 1977

Envió una flotilla, incluido un submarino nuclear, luego de que 50 científicos argentinos se instalaran por casi un año en las islas Sandwich. El incidente ocurrió cinco años antes de la guerra de 1982.Dos fragatas, dos buques de guerra y el submarino nuclear británico "Dreadnought" integraron la flota que el Reino Unido envió a las Malvinas en noviembre de 1977 con el objetivo de atacar a la Argentina, porque temía que tropas del continente retomaran las islas. Los planes fueron interrumpidos entonces tras un intenso debate en el gobierno del primer ministro laborista James Callaghan, que finalmente eligió no violar las leyes internacionales .

El episodio ocurrió cinco años antes de la guerra anglo-argentina de 1982 y fue guardado como secreto de Estado. Pero ayer fueron puestos a disposición del público por el Archivo Nacional británico (NA), gracias a la desclasificación de una serie de antiguos documentos de distinto tipo.

El documento del Ministerio de Defensa británico DEFE 24/1245 se titula Falklands Islands: military rules of engagement with Argentinean forces drawn up prior to deployment of Royal Navy in area (Islas Falklands: reglas militares de acción con las fuerzas argentinas anteriores al despliegue de la Armada Real), y relata hechos y decisiones que van desde el 1ø de enero de 1977 al 31 de diciembre de 1978.

Clarín aún no tuvo acceso a toda la documentación. Pero según pudo saber el corresponsal en Londres de la agencia ANSA, la llamada "Operación Journeyman" lanzada por la Defensa británica contra la Argentina se debió a que por entonces, y desde hacía casi un año, cincuenta científicos argentinos permanecían instalados en la isla South Thule, de las Sandwich del Sur, que como las Malvinas y las Georgias, están ocupadas por Gran Bretaña desde 1833.

Según dice el documento desclasificado, la flotilla enviada por la Defensa británica salió del Reino Unido en noviembre del 77 y se dirigió hacia el Atlántico Sur con la siguiente orden: "Los oficiales comandantes y los capitanes de aviones deben responder a cualquier agresión con firmeza y tacto y deben exhibir determinación para enfrentar cualquier escalada de violencia."

La fuerza debía utilizarse "sólo (...) hasta que sea evidente que se ha logrado el objetivo deseado y no debe ser en ningún sentido como forma de represalia".

La indicación para el comandante del submarino nuclear fue: "Si su buque es atacado con armas de las fuerzas argentinas, debe atacar, cualquiera sea la consecuencia o riesgo de vida."

Fue entonces cuando comenzó el debate entre británicos. Los documentos secretos citan, por ejemplo, al canciller David Owen, quien entonces insistió en que la Operación Journeyman fuera mantenida en absoluto secreto. "No hay necesidad de que alguien sepa el destino de las fragatas. Deben ser enviados a un ejercicio en el Atlántico", dijo Owen entonces, según reveló ayer la agencia Mercopress.

Al mismo tiempo, una nota escrita a mano advertía que un ataque a la Argentina podría escalar el conflicto "probablemente de manera ilegal y sentar un no bienvenido precedente".

El incidente coincidió con reuniones bilaterales secretas en Nueva York. Allí los británicos informaron a los argentinos del envío de la flota. Argentina retiró entonces a los científicos y se retornó al statu quo anterior.

FUENTE: http://www.clarin.com/diario/2005/06/02/elpais/p-01301.htm

Dudas de funcionarios británicos sobre Malvinas

 

Duque de Wellington, primer ministro en 1834: "he revisado todos los papeles relativos a las Malvinas. De ninguna manera encuentro claro que alguna vez hayamos sido titulares de la soberanía de dichas islas".

Sidney Spicer, titular del Departamento América del Foreign Office en 1910: "...la actitud del gobierno argentino no es enteramente injustificada y nuestra acción ha sido algo despótica".

R. Campbell, secretario asistente del Foreign Office en 1911: "quién tenía el mejor derecho al tiempo que nosotros anexamos las islas. Es el gobierno de Buenos Aires [...] Nosotros no podemos hacer fácilmente un buen reclamo y astutamente hemos hecho todo lo posible para evitar discutir el tema en la Argentina".

Sir Malcolm A. Robertson, embajador británico en Buenos Aires en 1928: "las reclamaciones argentinas a las islas Malvinas en ninguna forma son sin fundamentos", e insistía en otro documento que "el caso inglés no es lo suficientemente fuerte como para afrontar una controversia pública".

George Fitzmaurice, consejero legal de la cancillería inglesa en 1936: "Nuestro caso posee cierta fragilidad" y aconsejaban lo que finalmente se hizo: "Sentarse fuerte sobre las islas, evitando discutir, en una política para dejar caer el caso".

John Troutbeck, alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores británico en 1936: "...nuestra toma de posesión de las islas Malvinas en 1833 fue tan arbitraria [...] que no es por tanto fácil de explicar nuestra posición sin mostrarnos a nosotros mismos como bandidos internacionales".

www.ser2000.org.ar/protect/Archivo/d000d201.htm

 

El primer ministro británico

Tony Blair duda de la soberanía británica sobre Islas Malvinas

El premier británico encargó la redacción de un libro titulado La Historia Oficial de la Campaña por las Falklands.

INGLATERRA, junio 19.- El primer ministro británico, Tony Blair, encargó la redacción de un libro sobre las Islas Malvinas (Falklands, según la versión británica), que duda seriamente sobre la legitimidad de la soberanía del Reino Unido sobre ese archipiélago del Atlántico Sur.
El anuncio se conoció a pocos días de un entredicho entre el canciller argentino, Rafael Bielsa, y autoridades de las Islas Malvinas, durante una reunión del Comité de Descolonización de Naciones Unidas en Nueva York.

El periódico inglés Mail on Sunday anunció hoy que el libro, titulado La Historia Oficial de la Campaña por las Falklands y escrito por diplomáticos del Foreign Office (Cancillería) no sólo pone en duda la legitimidad por la soberanía de Malvinas.

También critica a la ex premier Margaret Thatcher por la forma en que manejó la crisis con Argentina por las islas del Atlántico Sur en 1982.

Según el libro, el hundimiento del buque argentino General Belgrano "fue un terrible error logístico y militar" para Gran Bretaña.

La publicación de la obra provocó duras reacciones de las autoridades de las Islas Malvinas, según las cuales el nuevo libro oficial "servirá como excusa a Argentina para seguir con sus reclamos de soberanía sobre las islas".

Por su parte, fuentes ministeriales de Whitehall consultadas por el Mail on Sunday, indicaron que la decisión de Blair de comisionar dicho libro tendría "fines políticos muy claros".

Poco después de asumir al poder en 1997, el premier británico pidió abrir documentos secretos sobre la guerra de Malvinas, fechados en 1982, que entregó al historiador y destacado profesor inglés Lawrence Freedman, amigo cercano de los Blair, para escribir "una historia oficial" de lo ocurrido.

Sin embargo, funcionarios del gobierno temen ahora que el libro, que será publicado el 28 de junio y serializado en un periódico del Partido Laborista, desate una controversia sin precedentes con Argentina por el futuro y soberanía de las Malvinas.

"El profesor parece no haber tenido en cuenta que el problema de las Malvinas sigue muy vigente con Argentina, y cualquier cosa que escriba tendrá un impacto político directo al respecto", declaró un portavoz oficial.

Para esa fuente anónima, que vio parte del libro, los documentos del Foreign Office que leyó Freedman "indican que el reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas tenía validez".

"Es muy probable que este libro sirva de excusa al gobierno de Argentina para renovar su pedido por la soberanía de las islas", explicó preocupado el portavoz del gobierno de Londres.

La noticia se conoce pocas semanas después que el dominical Sunday Express publicó en su portada un informe sobre un eventual intento de "recapturar" a las Malvinas por parte de Argentina, hecho que provocó que Londres reforzara el número de tropas en las islas. Esa noticia fue rápidamente rechazada por el gobierno británico.

http://www.terra.cl/noticias/index.cfm?id_cat=303&id_reg=507319

 

El historiador inglés LAWRENCE FREEDMAN admite las dudas británicas sobre sus derechos en Malvinas.
FREEDMAN dijo que Margaret Thatcher no debió haber ido a la guerra. En primer lugar porque los títulos de soberanía británicos sobre los archipiélagos australes eran lo suficientemente precarios como para que una buena parte de la burocracia estatal —básicamente la del Foreign Office— tuviese serias dudas sobre la validez de los mismos. Desde principios del siglo XX, la cancillería británica tuvo dudas sobre la validez de los argumentos que sostenían la posición británica.
SIR LAWRENCE FREEDMAN, vicerrector del King's College en Londres, y los resultados de sus ocho años de investigación estuvieron precedidos por una fuerte polémica. En primer lugar dijo que el Foreign Office tenía serias dudas sobre la legitimidad de la soberanía británica de las islas.
Logró varios momentos recordables. El recuento del análisis que llevó al primer canciller de Thatcher, lord Carrington, a elaborar, en 1981, una propuesta a la Argentina para un retroarriendo de las islas por 99 años —al estilo Hong Kong— que discutieron en secreto dos enviados en Suiza, Nicholas Ridley y el vicecanciller militar, comodoro Carlos Cavándoli. Es de notar el enlace que construye entre esta iniciativa y las dudas de los políticos británicos sobre el derecho que asistía a su país. A pesar de más de siglo y medio de ocupación ilegal—decían éstos con sordina—, lo cierto es que Londres había reconocido a la Argentina independiente en el siglo XIX, cuando había un gobernador argentino en las islas Malvinas, sin hacer reservas territoriales.

 

El Capitán Edmund Philip Carlisle, 84 años:, "Les robamos las Malvinas a la Argentina y debemos devolverlas". “Gran Bretaña le robó las Islas Malvinas a Argentina en la década de 1830 y debe devolverlas”.

Kelpers que les dan la razón a la Argentina:

Yolanda Bertrand, kelper, 67 años: Gran Bretaña se apoderó indebidamente de las islas Malvinas en un época en que esa potencia tomaba territorio en donde pudiesen.

Alex Reid, kelper, 38 años: Es razonable deducir que la apropiación violenta británica de las Malvinas en 1833 fue totalmente ilegal y sin el apoyo de ningún factor jurídico.

Jacobo Betts, Kelper, 60 años: En el momento del despojo inglés, la Argentina se encontraba en posesión efectiva y real de las Malvinas, y habían autoridades y colonos argentinos establecidos en ellas que fueron expulsados por Gran Bretaña. Es igualmente importante rescatar aquí que la ilegalidad de la invasión británica, al tomar las islas en 1833, ha sido reconocida por varios historiadores, académicos y asesores legales comisionados por el propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña. Sin embargo, el eminente jurista internacional Emer de Vattel (Suiza 1714 – 1767), asentó jurisprudencia para estos casos cuando declaró que “...ninguna Nación tiene el derecho de expulsar a otra gente del país que habitan con el propósito de asentarse ella misma en él.”

 

Entrevista a Edmund Carlisle: En su mansión de Gales, el militar inglés que desató una fuerte polémica en Londres con repercusiones en Buenos Aires dialogó, en exclusiva con PERFIL, y le contó con detalles su propuesta. Criticó con dureza a Tony Blair y felicitó al presidente Kirchner, a quien quiere conocer, por sostener el reclamo argentino con “dignidad”.

“Gran Bretaña le robó las Islas Malvinas a Argentina en la década de 1830 y debe devolverlas”, exhortó en una entrevista exclusiva con PERFIL el capitán inglés Edmund Philip Carlisle, quien a comienzos del mes provocó un gran escándalo en Londres al publicar una misiva en el periódico conservador The Times, pidiendo por la devolución de la Gran Malvina y que esta semana rebotaron en Buenos Aires.

“Es hora de que el gobierno británico (del primer ministro Tony Blair) implemente este pedido de devolución de las Islas Malvinas. Londres no ha hecho nada hasta ahora y es tiempo de que comience a actuar”, destacó el capitán retirado, de 84 años.

Desde su mansión del siglo XVI en Llanigon, en el condado galés de Powys, Carlisle reveló en exclusiva que publicará en los próximos días, un libro titulado The Dishonourable War: The Falklands, 1982 (La Deshonorable Guerra: Islas Malvinas, 1982), en el que reclamará abiertamente a Gran Bretaña devolver las Malvinas a Argentina.

“En mi libro pido a Londres que devuelva lo que robó. Porque es la opinión del mundo en general y porque hemos llegado a un punto de la historia en que es hora de terminar con las colonizaciones de territorios que no nos pertenecen. Además, las bases de la demanda argentina son mucho mejores que las nuestras. Nosotros le robamos las Malvinas (a Argentina) en la década de 1830 y desde el gobierno británico nunca se reconoció esto”, agregó.

El aristocrático capitán, que proviene del legendario Barón de Carlisle Bucklow (1929), contó además que “tenía una granja allí, en la Isla Gran Malvina pero con mi esposa, Rosemary, decidimos venderla en 1986. La compramos en 1981, antes de la guerra, pero no estuve allí cuando ocurrió la batalla. Nos habían sacado por razones de seguridad”, comentó. Respecto de los habitantes de las islas que reclaman la autonomía, señaló: “Nuestro gobierno dice que las islas son británicas, y por ende sus habitantes lo creen. Pero la ONU está pidiendo otra cosa, lo mismo que Argentina. Alguien debe escuchar este reclamo”.

También le contó a este diario sus impresiones sobre el presidente Néstor Kirchner: “Me gustaría conocerlo. El declara que quiere las Malvinas de vuelta para su país y ésa es su posición. Yo lo felicito y en mi libro hablo sobre la posición argentina, que siempre ha sido muy digna” y agregó: “Los argentinos nunca han renunciado a su reclamo y están muy determinados a conseguir las islas de nuevo. Nosotros (los británicos) deberíamos apoyarlos en esa dirección”, concluyó.

Durante la entrevista con PERFIL el militar, que luchó en la Segunda Guerra Mundial, también se animó a comentar su propuesta: “Podríamos empezar por ofrecer (a la Argentina) la Isla Gran Malvina (West Falkland Island), que tiene una población granjera muy pequeña”, dijo y justificó su posición: “A menos que se alcance un acuerdo, nunca obtendremos el petróleo de los recursos que se cree que existen en los mares circundantes”.

También se refirió a Margaret Thatcher: “Ella lanzó la guerra contra los argentinos para cumplir con sus propios fines políticos, porque su gobierno estaba en problemas internos, y como suele pasar con los gobernantes que buscan un segundo término en el poder... suelen ir a buscar problemas en el exterior. Como hizo Blair en Irak”, afirmó.

“Después de cualquier guerra, la única política sensata es hacer de tu enemigo tu amigo”, sostuvo a modo de conclusión.

Por Leonardo Boix - Desde Londres

 

El 25 de julio de 1848, durante un debate en la Cámara en el que proponía recortes presupuestarios, el parlamentario Sir William Molesworth sostuvo que al no tener títulos sobre las islas y dado el nivel de gastos que insumía la estación militar de las Malvinas, lo mejor que podía hacerse era "reconocer el reclamo de Buenos Aires sobre las islas Malvinas". Esta opinión se fundamentaba en las características del lugar, "desolado, árido y, ventoso, donde no pueden crecer ni granos ni árboles".

 

Revelan que Brasil retuvo un avión ingles durante la guerra de Malvinas

 

Los documentos secretos fueron dados a conocer por la prensa brasileña. El bombardero cargado de armas debió aterrizar allí por problemas técnicos. Y la dictadura, que apoyaba a la Argentina, no quería devolverlo. Hubo una "guerra diplomática" entre Brasil y el Reino Unido.

La dictadura militar que gobernaba Brasil en 1982 enfrentó un dilema diplomático al haber retenido un avión de guerra británico durante la Guerra de las Malvinas, según documentos secretos revelados hoy por la prensa local. 

La decisión del gobierno brasileño de impedir el envío hacia las Malvinas de un avión Vulcan -un bombardero de la Fuerza Aérea británica- provocó un profundo malestar en las relaciones entre Brasil y el Reino Unido, indicó el diario O Estado de Sao Paulo. 

En junio de 1982, el bombardero, con problemas técnicos y cargado de armas, fue escoltado por cazas brasileños y aterrizó en Brasil, tras lo cual comenzó una "guerra diplomática" entre Brasil, el Reino Unido y la Argentina, sostuvo el periódico, citado por la agencia noticiosa Ansa. 

"Los ingleses reclamaban que, al mismo tiempo que retenía al avión, el gobierno brasileño hacía la vista gorda para el paso por Brasil, en escala técnica, de aviones con armamentos que venían de Libia rumbo a la Argentina", escribió el diario. 

Documentos del hoy extinto Servicio Nacional de Informaciones (SNI) muestran el problema que enfrentaba la dictadura brasileña -liderada por el presidente Joao Baptista de Figueiredo- por la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. 

Según O Estado, "era una cuestión complicada. Brasil defendía una solución negociada, pero declaró su apoyo a la pretensión argentina por la posesión de las islas. Es decir, no era neutral. El problema era que, al retener el bombardero, el gobierno argentino había pedido que se aplicaran reglas de neutralidad". 

"Si atendiéramos al pedido argentino, Gran Bretaña podría exigirnos la aplicación del estatuto de neutralidad también con la Argentina, lo que sería incompatible con las diversas formas de apoyo que hemos dado a nuestro vecino", sostiene una carta enviada en ese momento por la Cancillería a Figueiredo y citada por el diario. 

Finalmente, Brasil devolvió el avión a Gran Bretaña, pero sin el armamento y con el compromiso que no sería utilizado en la guerra, tal como lo había solicitado la Argentina.

 

Argentina y sus aliados Sovieticos

 

En un libro publicado en Rusia, el periodista Sergey Brilev revela aspectos desconocidos de la ayuda crucial que los servicios secretos de la URSS brindaron a las fuerzas argentinas durante la Guerra de Malvinas. 

Sergey Brilev es hoy uno de los presentadores y analistas políticos más conocidos por los televidentes de la Federación Rusa, donde además es vicedirector del canal Rossiya TV (RTR). Pero cuando comienza a hablar en un fluido español, su inocultable acento rioplatense -" Ssho ssiempre leo La Nassión "- revela que algo de su historia tiene que ver con esta parte de América latina. - 

A manera de catarsis, cuenta, por una vida ambulante de hijo de un ex representante comercial soviético, Brilev acaba de publicar en Moscú el libro Fidel, Fútbol y Malvinas , en el que presenta lo que es un mundo exótico y casi desconocido a los ojos rusos. Pero además dedica todo un capítulo a profundizar un aspecto poco investigado, incluso en la Argentina: el rol fundamental que jugó durante la Guerra de Malvinas la Unión Soviética, un impensado amigo de un feroz anticomunista como fue el general Leopoldo Galtieri. - 

"Por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los soviéticos se pusieron en riesgo de un conflicto mundial brindando una ayuda militar que resultó clave para los principales triunfos argentinos durante la guerra", asegura Brilev. - 

Siempre se supo del acercamiento entre Moscú y Buenos Aires durante el conflicto, pero en su libro Brilev reúne datos pocos conocidos sobre esa ayuda. Por ejemplo, que el 15 de mayo de 1982 los soviéticos lanzaron específicamente el satélite Kosmos-1365 para posicionarlo en una órbita desde la cual pudiera proveer información estratégica a las fuerzas argentinas en el Atlántico Sur. - 

Como lugar de la entrevista con LA NACION, Brilev eligió el restaurante del último piso del hotel Ritz Carlton en la capital rusa, con una vista fantástica sobre la Plaza Roja, el Kremlin y la Catedral de San Basilio, adornadas días atrás para el desfile del 9 de mayo, aniversario de la victoria soviética sobre los nazis. "¡Pensar que desde allí se dominó gran parte del mundo durante más de siete décadas! -reflexiona el periodista-. Pero eso se hizo bajo la amenaza permanente de guerras y conflictos, y hacia el final hubo decisiones muy graves dejadas en manos de los mandos medios. Fue muy extraño el funcionamiento del poder durante el régimen soviético", observa. - 

El pasaporte de Brilev afirma que su ciudad natal es Moscú, pero es sólo un artilugio legal. Cuando nació, en 1972, el destino de su padre era La Habana. El resto de su niñez la pasó en Ecuador, su adolescencia en Uruguay y luego se casó y vivió en Londres, hasta que finalmente decidió radicarse en Moscú, donde vive con su esposa y una hija de tres años. "A esta altura de mi vida tengo el panorama de un mundo multicolor e interconectado", dice. Esa visión le permitió por ejemplo profundizar en el tema Malvinas, aun cuando su historia tiene más que ver con Uruguay que con la Argentina.
La investigación sobre la guerra del Atlántico Sur comenzó hace un par de años, cuando la casa editorial rusa le propuso escribir sobre su particular experiencia de vida multicultural. En ese momento, entre otras cuestiones, recordó un viejo artículo de la revista norteamericana Time, publicado durante el conflicto, que muy suscintamente mencionaba el lanzamiento del satélite soviético Kosmos-1365 un mes y medio después del desembarco argentino en las islas, cuando la guerra estaba en su apogeo. - 

Para comenzar a tirar de la punta de ese hilo informativo, Brilev intentó acceder a los documentos oficiales, pero la primera traba que encontró en los archivos rusos fue el infranqueable sello de "Información clasificada". Entonces optó por recoger datos entre quienes fueron los líderes militares de comienzos de los 80. - 
"Al primero que acudí fue al general Nikolai Leonov, primer vice del servicio analítico de la KGB durante la guerra. Y él me confirmó que desde el comienzo del conflicto hubo varios envíos de información satelital a los militares argentinos. Lo mismo me dijo luego el general Valentin Varennikov, que entonces era primer vicejefe del Cuartel General de las FFAA soviética", recuerda Brilev. - 

En su libro hace un cruce cronológico de datos entre los hechos más relevantes del conflicto de Malvinas y las actividades de la inteligencia de su país. Brilev sostiene, por ejemplo, que los aviones navales argentinos lograron hundir la fragata británica HMS Sheffield gracias a la información que ya le estaban brindando los satélites soviéticos en órbita aun antes del lanzamiento del Kosmos-1365. "La versión de que hundieron al Sheffield gracias a la tarea de los aviones exploradores argentinos Neptune suena muy "patriótica", seguramente, al oído argentino. Sin embargo, me parece mucho más probable que haya habido ayuda de los soviéticos. El Neptune era un avión muy viejo y con problemas de mantenimiento. En todo caso estaba en condiciones de prestar colaboración en el terreno, pero la información estratégica la tenían los satélites soviéticos".

 

Información compartida - 
Otra victoria que en aquel momento alimentó el entusiasta "Vamos ganando" de los argentinos llegó como "regalo patriótico" el 25 de mayo de 1982. Brilev afirma que fue gracias al satélite Kosmos-1365 que los misiles argentinos pudieron hundir el HMS Coventry, una joya de la OTAN, y también al Atlantic Conveyor, una especie de portaaviones que fue a parar al fondo de las aguas del Atlántico Sur con 15.000 toneladas de vehículos a bordo. - 
Pero según el investigador, la ayuda soviética fue más allá de la información satelital. "La URSS utilizó naves TU-95, modificadas como aviones de inteligencia, para sobrevolar las fuerzas británicas que se dirigían a la zona de combate y esa información también fue transmitida a los argentinos", asegura. Y añade: "Hubo ocasiones en que los TU-95 llegaron a volar a alturas muy peligrosas, 20 o 40 metros de altura, casi tocando los barcos británicos que llevaban armamento atómico". El coronel soviético Georguiy Bulbenkov confirmó hace algunos años su propia participación en esos vuelos, y explicó que el área de observación soviética sobre los barcos británicos iba desde el Golfo de Vizcaya hasta la línea ecuatorial. - 

Pero como buen ruso, una de las principales curiosidades de Brilev cuando se lanzó a escribir su libro era tratar de desentrañar cómo funcionaba la maquinaria del poder en el régimen comunista que gobernó su país hasta 1991. ¿Cómo se llegó a tomar la decisión tan delicada de espiar a la Armada británica para favorecer a una junta militar ferozmente anticomunista y en las antípodas ideológicas del Kremlin? - 

La duda que lo carcomía era en esencia quién dio el sí a esta decisión. Con sus investigaciones, el presentador ruso llegó hasta el mismísimo Mikhail Gorbachov, el último presidente de la Unión Soviética, que durante el conflicto del Atlántico Sur era miembro del Buró Político del Partido Comunista, el órgano por el que pasaban obligatoriamente todas las grandes decisiones estratégicas de la URSS. Pero la respuesta de Gorbachov fue tajante: "Jamás hubo una decisión del Comité Central de colaborar con la Junta argentina".

 

La conclusión a la que llega Brilev entonces en su libro es que en esta etapa de la Unión Soviética el esquema de poder autocrático ya se estaba resquebrajando. La ayuda a los argentinos fue una estrategia asumida a nivel de generales del mando militar, como una consecuencia lógica del apoyo que se debía brindar al "enemigo de un enemigo". Pero agrega otro dato: "Tampoco hay que olvidar que sólo dos países no participaban del embargo de alimentos decretado contra la URSS después de la invasión soviética a Afganistán, en 1979. Y esos dos países eran precisamente Argentina y Uruguay. Y el mando militar era muy consciente de la importancia de ese respaldo", dice. - 
En sus tiempos de escuela primaria en América latina, a Brilev le intrigó siempre ese pequeño triangulito blanco del continente helado, que países como la Argentina o Chile incluyen en sus mapas oficiales. Con humor se suma a la polémica: "¿Qué duda cabe de que la Antártida es rusa? Si el que descubrió ese continente en 1820 fue un ruso..." - 

Pero luego insiste en ponerse serio cuando advierte que en las próximas décadas la Guerra de Malvinas va a ser considerada "el primer pequeño incidente del conflicto militar antártico". Esa fue la impresión que le quedó al periodista ruso luego de visitar el Instituto Antártico Argentino, el británico y el ruso. "En un par de décadas vamos a llegar a la situación en que los yacimientos tradicionales se acabarán. Y el último reservorio de yacimientos minerales importantes, de oro, petróleo y diamantes, es el continente helado", dice. -

"En este sentido -concluye-, yo no tengo dudas de que en unos años la Guerra de Malvinas será recordada como la primera gran guerra por la Antártida." - 

 

 

El Departamento de Estado norteamericano desclasificó 170 cables internos referidos al conflicto y enviados o recibidos en aquellos días. De su lectura se desprende que Estados Unidos, aunque comprometido con el apoyo militar al Reino Unido, buscó eludir ese escenario considerándolo riesgoso en su competencia global con la Unión Soviética. 

Show Time 

En la hora cero del Día D se establecieron comunicaciones entre Londres y Port Stanley, que se reprodujeron en La Trama Secreta: 

"PORT STANLEY: Tenemos muchos nuevos amigos. 
"LONDRES: ¿Qué hay de los rumores de invasión? 
"PS: Esos son los amigos a los que me refiero. 
"L: ¿Desembarcaron? 
"PS: Por supuesto. 
"L: ¿Los argentinos tienen el control? 
"PS: Sí. No se puede luchar contra miles de soldados, además de un enorme apoyo naval. Somos sólo mil ochocientos." 

Unos ochocientos soldados argentinos del Segundo Batallón de Infantería de Marina tomaron posiciones en Port Stanley. Alrededor de treinta royal marines que cumplían servicio les ofrecieron resistencia. En los enfrentamientos murió el capitán de corbeta Pedro Giachino, y hubo soldados argentinos heridos. Pero a las 09.30 el gobernador Rex Hunt decidió entregarse junto a su mujer, y los soldados británicos fueron enviados por avión a Montevideo, desde donde volvieron a Londres. Ni un solo isleño resultó herido. El general Osvaldo García se instaló en la Government House, arrió la Union Jack y enarboló la bandera argentina. Cinco días después el general Mario Benjamín Menéndez fue nombrado Comandante en Jefe y gobernador militar de las islas. Port Stanley se llamó a partir de entonces Puerto Argentino. Muchos isleños, en esos días, huyeron hacia el interior del archipiélago. 
Horas antes de la invasión, a las 22.00 del jueves 1 de abril, Ronald Reagan, el presidente norteamericano, mantuvo un diálogo telefónico con su par argentino: 

-REAGAN: Señor Presidente, tengo noticias confiables de que la Argentina adoptará una medida de fuerza en las Islas Malvinas. Estoy, como Ud. comprenderá, muy preocupado por las repercusiones que una acción de ese tipo podría tener. Quiero manifestarle, señor Presidente, la preocupación de los Estados Unidos y la necesidad de que se encuentre una alternativa al uso de la fuerza. 

-GALTIERI: Ante todo quiero agradecerle su preocupación, señor Presidente. Deseo recordarle que mi país ha mantenido en ese litigio con Gran Bretaña una actitud permanentemente favorable a la negociación, como lo demuestran los diecisiete años de conversaciones infructuosas en el marco de las Naciones Unidas que hemos encarado con una nación que, hace más de un siglo y medio, usurpó por la fuerza un territorio que, por derecho, pertenece a la Argentina. 
"Nuestra vocación negociadora sigue siendo inalterable, pero también la paciencia del pueblo argentino tiene un límite. Gran Bretaña ha amenazado a ciudadanos argentinos que se encuentran legítimamente en las Islas Georgias del Sur y mi gobierno tiene la obligación de protegerlos. (...)** 

**Galtieri se refirió a lo que sucedió a mediados de marzo cuando Davidoff, un empresario chatarrero argentino, había acordado el desguace de una antigua factoría ballenera en las Islas Georgias del Sur. Davidoff informó de la operación a los ingleses.Llegó a Leith con una cuadrilla de obreros, a bordo de un buque de la Armada Argentina. La presencia de un barco de guerra alarmó a los británicos.Su cuadrilla izó una bandera argentina en las Georgias, y el jefe de la British Antartic Survey (BAS) les exigió que fuera arriada y envió al patrullero Endurance con un pelotón de royal marines a desalojar a los argentinos. 

-REAGAN: Ese reconocimiento es imposible en estos momentos. Si la alternativa es un desembarco argentino, el Reino Unido le dará, le aseguro señor Presidente, una respuesta militar. ¿Qué sucederá con los isleños, señor Presidente? 

-GALTIERI: Tenga Ud la certeza de que el gobierno argentino ofrecerá expresamente todas las garantías a los habitantes de las Islas Malvinas. Mantendrán su libertad, su libre albedrío, su propiedad. Podrán permanecer en las islas o emigrar a Gran Bretaña, según lo estimen conveniente. Podrán optar por ser ciudadanos argentinos o británicos, y podrán emigrar a los Estados Unidos si lo desean. 

-REAGAN: Señor Presidente, creo que es mi obligación advertir a Ud. que Gran Bretaña está dispuesta a responder militarmente a un desembarco argentino. Así me lo ha hecho saber el Reino Unido. Además, la señora Thatcher es una mujer muy decidida y ella tampoco tendrá otra alternativa que una respuesta militar. El conflicto será trágico y tendrá graves consecuencias hemisféricas." 

"Querida Margaret -escribió minutos después Reagan a Thatcher-: Acabo de hablar en extenso con el general Galtieri. Le transmití mi preocupación por la posibilidad de una invasión argentina. Le advertí que el inicio de operaciones militares comprometería de manera seria las relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina. (...) Le dije que estaba listo para enviar un representante personal para que ayudara a resolver las cuestiones entre la Argentina y el Reino Unido. El General escuchó mi mensaje, pero no asumió ningún compromiso. (...) Mientras que tenemos una política de neutralidad en lo que se refiere a la cuestión de la soberanía, no seremos neutra¬les si los argentinos apelan al uso de la fuerza. Los mejores deseos, Ron." 

Los documentos desclasificados dejaron en evidencia la preocupación norteamericana por la posibilidad de que una alianza abierta con los ingleses despertara una "fuerte reacción anticolonialista en América Latina". Estados Unidos, además, temía que la Unión Soviética utilizara este conflicto para hacer pie en América del Sur. 

El Secretario de Estado, Alexander Haig, llegó a Londres el 8 de abril con esa convicción: tenía que moderar el ánimo belicoso de Margaret Thatcher. Durante la entrevista, Thatcher golpeó primero: le aseguró que estaba muy molesta por la lentitud de los Estados Unidos en reaccionar a favor de su país, y le dijo que no permitiría que la decisión argentina de recurrir a la fuerza fuera recompensada con un cambio en el estatus de la soberanía de las islas. 

Haig, a la defensiva, desplegó tres argumentos: 
1. Si los británicos respondían militarmente, él podía prever un involucramiento ruso. 
2. La OEA, con sus problemas del Tercer Mundo no será objetiva y formará un consenso anticolonialista. 
3. Un desembarco en la isla principal sería muy costoso y pondría a la población en peligro. Una vez que comenzara, el enfrentamiento sería una carga cada vez más grande y la gente se empezaría a preguntar por qué hacemos tamaño sacrificio por mil pastores. 

Haig sintetizó su objetivo: "Alcanzar una retirada argentina de manera que salve las apariencias para que Galtieri no sea derrocado", porque la administración Reagan evaluaba que, si Galtieri caía, "podría ser sucedido por alguien más intransigente".

"El dictador argentino -dijo Haig según los cables secretos- tiene la reputación de ser un borracho y un jugador de poker, pero para los Estados Unidos es la mejor opción. Lo preferimos antes que a la línea más dura de la Junta Militar, y no tenemos apuro en empujar una transición a la democracia." 

Un cable fechado el 16 de marzo decía: "Nuestra línea es que estaríamos gratificados en ver un retorno a la democracia, pero el 'cuando' es algo que tienen que decidir los argentinos". En el mismo cable la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires destacó la "ansiedad" mostrada por Galtieri "para cooperar con nosotros en problemas hemisféricos acuciantes, en particular, en América Central". Recuérdese que a fines de 1981 la Junta Militar formalizó con la CÍA un acuerdo de cooperación "para contrarrestar la insurgencia y el terrorismo marxista alentado por Cuba en El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras", según cita Ariel Armony en su libro Argentina, los Estados Unidos y su cruzada anticomunista en América Central. 

"No queremos dar ningún paso que pueda empujar a la Argentina hacia una dependencia aún mayor de la Unión Soviética", escribió el número tres del Departamento de Estado, Lawrence Eagleburger, según los cables desclasificados a pedido del diario La Nación. 

"Argentina ya le vende a los rusos el 80 por ciento de su producción de cereales, y la influencia de la Unión Soviética en el comercio exterior argentino es sustancial", detalló Eagleburger. "Dada la preocupación rusa con la provisión de granos -insistió– es posible una presencia sustancial en el escenario de la marina rusa. 

Si las hostilidades entre la Argentina y el Reino Unido elevaran esa presencia a un nivel que requiera una compensación por parte de Estados Unidos, la disuasión de la OTAN se vería aún más afectada y como resultado se podría producir una confrontación directa entre el Este y el Oeste." 

A su vez el funcionario anotó que "ante el estallido de una guerra es de esperar que los rusos provean a Buenos Aires de información de inteligencia sobre las tropas británicas, aunque seguramente se van a contener de cualquier participación militar directa. El apoyo se puede extender también a la provisión de armas". 

"La guerra -señaló por último Eagleburger- generaría la percepción de Estados Unidos e Inglaterra como poderes neocolonialistas en contraste con los rusos como supuestos protectores de la soberanía de las naciones." 

Según un cable de la embajada en Bonn, el papa Juan Pablo II dijo al encontrarse con el canciller alemán Hans-Dietrich Genscher: "Si falla Haig, existe el peligro de una mayor influencia rusa en América Latina". 

El 2 de abril, ante unas diez mil personas reunidas en la Plaza de Mayo, el general Galtieri anunció: "Hemos recuperado, salvaguardando el honor nacional, sin rencores, pero con la firmeza que las circunstancias exigen, las Islas Australes que integran por legítimo derecho el patrimonio nacional. (...) Este pueblo que yo trato de interpretar como Presidente de la Nación (silbidos) va a estar dispuesto a tender la mano en paz con hidalguía y la paz con honor, pero también dispuesto a escarmentar a quien se atreva a tocar un metro cuadrado de territorio argentino". 

En Londres, durante una entrevista, Margaret Thatcher se preguntó: "¿Derrota? ¿Ustedes recuerdan lo que la Reina Victoria dijo alguna vez? ¿Derrota? La posibilidad no existe". 


Ademas me gustaría que vean un interesantísmo testimonio de un soldado argentino prisionero que relata el trato que recibió de los ingleses: 

"Horacio Santopietro, soldado del Grupo de Artillería 601 de Mar del Plata llevaba siete días sin comer. Se impresionó por la cantidad de comida que había en la ciudad, en los depósitos manejados por el Ejército argentino. 'Lo primero que hice después de la rendición fue tomarme un tarro de leche condensada. Me agarró una descompostura terrible. Los primeros dos días como prisionero de guerra estuve tirado, doblándome del dolor.' Santopietro recuerda que mientras un soldado inglés lo llevaba hacia el galpón que se utilizaría como cárcel de guerra, él iba gateando, recogiendo caramelos del piso y, cuando el inglés lo apuraba, por medio de señas le decía que tenía hambre. 'Una vez adentro me tocó sentarme en un lugar mojado y otro inglés me alcanzó una frazada para que no me mojara la ropa nueva que me acababan de dar. Esas dos imágenes del trato inglés me quedaron grabadas con otras de dos oficiales argentinos, después de la rendición. La primera fue en el mismo galpón. Los oficiales que ocupaban la parte de adelante, cuando un soldado se enfermó y casi se muere, no querían avisar. Tuvimos que gritar y armar un despelote bárbaro desde el fondo para que entraran los ingleses a buscarlo. Se lo llevaron al hospital. La otra fue una vez que estábamos en el continente. Un suboficial argentino nos estaba "bailando" en el cuartel y le pisó la mano con el taco a un soldado que venía de la guerra porque, cuando hacía los ejercicios, no tocaba el piso con el pecho porque justo ahí estaba mojado. Después de la rendición, con una pistola en la mano, yo prefería matar a un oficial argentino antes que a uno inglés'. " 

“El gobierno británico veía a las Malvinas como unas islas que podía negociar con Argentina”

 

JIMMY BURNS, PERIODISTA INGLES ESPECIALIZADO EN AMERICA LATINA, CORRESPONSAL DURANTE LA GUERRA.

Trabajó para Financial Times, The Observer y la BBC, entre otros medios británicos. La dictadura lo acusó de espía y lo detuvo. En su opinión, después de la guerra, la actitud de Inglaterra se endureció en cuanto a la negociación por las islas.

Por Gustavo Veiga

–Usted llegó a la Argentina como periodista por primera vez en 1981. ¿Cómo es esa historia por la cual la dictadura militar lo acusó de ser espía inglés?

–Yo lo cuento como una cosa atractiva, pero inconscientemente, en la guerra de las Malvinas, viví un momento profesional muy interesante. Mis teléfonos estaban todos intervenidos, me seguían, me arrestaron dos veces y fui amenazado de muerte por el Comando 2 de Abril que, supongo, era en ese momento parte de los servicios de la Marina. Porque con un nombre así, sólo podía venir de la Marina.

–¿Estuvo detenido aquí en qué momento?

–Me arrestaron en dos oportunidades, una más seriamente que la otra, durante el conflicto. Luego, después de la guerra, me amenazaron de muerte y tuve que irme del país. Me fui a Uruguay durante un cierto tiempo y regresé, aunque esas cosas casi no se cuentan porque los que vivían acá la pasaron peor. Tengo muchísimo respeto por mis colegas argentinos. Los que han sufrido situaciones más peligrosas que yo, un corresponsal extranjero que, en cierto modo, vivía circunstancias de privilegio. Cuando llegué a este país estaba muy consciente de eso, de los periodistas que habían desaparecido. Pero a mí me costó muchísimo como corresponsal estar en la Plaza de Mayo a finales de marzo del ’82 y ver una maquinaria represiva total, y a los dos días, esa misma plaza llenarse de gente y gritar: “Todos somos argentinos”, con Galtieri en el balcón. Por mi sensibilidad, como nieto de un abuelo liberal que fundó la República Democrática de España o por mi educación democrática en Inglaterra, me costó comprender eso. La imagen que daba el país al exterior en ese momento para mí era nefasta.

–¿Mantiene hoy el mismo enfoque de aquella época?

–Mi visión sobre el asunto no ha cambiado. Lo que fundamentalmente cambió fue la dinámica histórica y diplomática de lo que está pasando con las Malvinas. En el sentido de que, si uno puede revisar los papeles, todo lo que ha visto de documentos desclasificados –y ahora están saliendo más y más papeles–, no hay duda de que el gobierno británico veía a las Malvinas como unas islas que podía negociar con la Argentina. Algo que, en cierto modo, se emparienta con el tema de Gibraltar. El hecho de que se ocupó militarmente a las Malvinas contra el deseo de los isleños cambió todo totalmente. Se acaba de votar un nuevo consejo local en el que son más duros de lo que habían sido en años. Esto es una preocupación para el gobierno británico, pero también es una realidad. Los isleños se sienten más refractarios, y mientras exista eso, no habrá ningún gobierno británico, se lo garantizo, sea conservador o laborista, que entregue esas islas a los argentinos. No va a ocurrir.

–¿Para qué medio cubrió la guerra del Atlántico Sur?

–En el ’81, mi periódico, el Financial Times, me pidió si quería ser el corresponsal para el Cono Sur; para Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay, basado en Buenos Aires. Vine a finales de ese año y a los dos días que estaba aquí, ocurrió el golpe de palacio de Galtieri, que destituyó a Viola y ya me quedé. Me di cuenta de que ese golpe suponía la llegada de una junta con ambiciones políticas y diplomáticas internacionales que iban mucho más lejos de lo que se había visto hasta entonces. Y cuando estalló la guerra de Malvinas estaba aquí. Por razones diplomáticas no vamos a hablar de Malvinas. Yo normalmente las llamo Falkland, pero no me importa eso.

–En su página web define a la OTAN como víctima. Dice: “Agresión descarada a las fuerzas de la OTAN”. ¿No le parece que tergiversa los hechos?

–Soy consciente de la dificultad de dialogar sobre la base de cuestiones ideológicas cuando uno viene de Europa y otro vive acá. En el sentido de que, por formación histórica y cultural, por ejemplo, puedo tener una perspectiva –dejando a un lado cuestiones comunes como lo son el repudio a violaciones a los derechos humanos o dictaduras militares– que supone cuál es el papel de los Estados Unidos en el mundo. Los que hemos vivido en Europa, los que tuvimos padres o abuelos que murieron en campos de batalla durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, los que estuvieron a merced de los nazis, sabemos lo que le debemos a Estados Unidos. Si no fuera por ese país, tal vez Hitler hubiese dominado a Europa o al resto del mundo. Desde niño me implantaron eso en un colegio inglés. En un momento en que usted tenía más o menos mi misma edad de pibe, veía que las Malvinas son argentinas, mucha historia sobre ellas y el imperialismo británico. Sin presumir de arrogancia, los que estudiamos la historia latinoamericana en universidades europeas sabemos que la narrativa histórica en Argentina ha sido muy selectiva por momentos.

–¿Por qué lo dice?

–Es una realidad que la Guerra de la Independencia argentina surge de las invasiones británicas. Psicológicamente es un poco difícil de asumir. Como que la caída de la dictadura de Galtieri, se debió a Margaret Thatcher. No soy miembro del Partido Conservador, ni jamás lo he votado, pero en cierto modo, de no haber sido por la guerra de Malvinas, hubiesen tenido un régimen militar durante mucho tiempo. Imagínese si Gran Bretaña y Estados Unidos eran derrotados y humillados totalmente en Malvinas por la junta militar. Imagínese lo que hubiese supuesto eso en la situación política interna de este país. Un nacionalismo nefasto y muy equivocado para el futuro democrático de la Argentina.

–¿Es nuestro país con el que mantuvo la relación más estrecha de permanencia como corresponsal?

–Sí, en términos de permanencia y de cobertura profesional sí, aunque obviamente lo de Chile también me quedó, porque mientras estaba en Buenos Aires tenía que cubrir el régimen de Pinochet y también Uruguay. Me siento muy en mi casa en Montevideo, era el Buenos Aires que fue, como decía Borges.

–¿Cuánto tiempo vivió y trabajó en la Argentina?

–Estuve de corresponsal aquí desde el ’81 y me quedé hasta el ’86. Vi la crisis de la deuda, cubrí el juicio a las Juntas... Si me encuentro con el fiscal Moreno Ocampo recordamos viejos tiempos, tomamos un café, él me contaba lo que iba a ser el juicio de las Juntas. Conocí a Emilio Mignone del CELS, que en paz de descanse. A gente así conocí, que siempre se me clava en la memoria, gente con muchísima valentía. A partir del ’86 me fui de aquí, volví a Inglaterra y empecé a investigar para el libro La tierra que perdió a sus héroes, sobre la guerra de Malvinas y Argentina. Para eso hice muchas entrevistas y regresé. Luego se publicó la primera edición y para el vigésimo aniversario, en 2002, hice una reedición del libro. Le agregué más investigación y el tema de la operación Cóndor, no la de las violaciones a los derechos humanos, sino el del misil secreto que se desarrolló bajo el gobierno de Alfonsín.

–¿Por qué el libro se llama La tierra que perdió sus héroes?

–Buena pregunta. Quiero ser honesto: fue un título que le robé a un colega británico (sonríe). Es una historia curiosa, lógicamente. El primer aniversario después de la guerra de Malvinas yo trabajaba, además de en el Financial Times, para el Observer de Londres, y su magazine me pidió escribir la tapa sobre el primer aniversario de la guerra y escribí una historia con fantásticas fotos que se hicieron sobre todo con veteranos de las Malvinas. Ya había mandado las páginas, todas hechas con el título: La tierra que perdió sus héroes, y justamente ese fin de semana hubo una huelga de los gráficos en Inglaterra y jamás se publicó ese artículo. Pero lo que me quedó clavado fue el título. Me pareció buenísimo para una guerra que se basó en cierto modo en un fantasma. En un fantasma de una junta militar que se equivocó completamente de dónde estaba en el mundo o lo que era el sentido del heroísmo. Un ejército que piensa que un tipo como Astiz, que torturó y mató gente, es un héroe de batalla; y que luego, al final, se rinde antes que ninguno. Juega con las palabras de lo que son héroes y lo que no son héroes.

–¿Cómo definiría a los kelpers, actores insoslayables del conflicto, si hubiera que encuadrarlos en la política británica? ¿Qué son? ¿Conservadores?

–Yo diría que políticamente son casi autónomos, sociológicamente gente muy simplista y no son grandes mentes políticas. Gente de campo o pescadores, que han vivido muy aislados y que no tienen gran conocimiento del mundo. Pero que se sienten británicos.

–¿Qué impresión le ha causado la Argentina actual, tan distante de aquella que le tocó cubrir y analizar como corresponsal?

–Lo que pienso de este país, al que he venido un poco más de turista y no de corresponsal, lo capté en una experiencia supercuriosa el sábado, cuando pasaba por la Plaza de Mayo y vi que los turistas se encontraban en la Casa Rosada, la que como periodista había cubierto el 30 de marzo de 1982, mientras la Policía Federal le pegaba palos a todo el mundo. Me acuerdo que la única vez que realmente entré en la Casa Rosada fue para entrevistar a Menem cuando era presidente. Hacerlo hoy y ver a los granaderos hablar en varios idiomas, estar simpatiquísimos con los turistas, muy abiertos, y no como, por ejemplo, los soldados que en Gran Bretaña te meten una metralleta, donde por el terrorismo no puedes llegar a Downing Street. Pero la sensación, esa primera sensación de entrar y ver que estos chicos son muy amables con la gente, que culturalmente se han convertido en guías, demuestra que este país está entrando gracias a Dios en otra narrativa. Los que estaban en esa Casa Rosada en 1982 eran unos tipos muy diferentes. Ahora ves una sala de mujeres argentinas, no militares, y ves a Evita Perón. Tú y yo podemos discutir lo que fue Evita Perón, pero ves a las Madres de Plaza de Mayo, y cuando era corresponsal, recuerdo los palos que les pegaban y ahora están allí en un altar de reverencia justificada. Y en otra sala hay un homenaje a los científicos argentinos. Hemos estado años y años pensando que la historia argentina se basaba solamente en militares.

–¿Cómo nació su interés por los temas de nuestro país y de Latinoamérica?

–Bueno, depende por dónde quiera empezar. Escuchándome se dará cuenta de que tengo un acento, como dicen aquí, muy gallego. Yo nací en Madrid y por parte de mi madre soy nieto de un eminente hombre de letras y físico, el doctor Gregorio Marañón, que fue muy conocido en su época en Latinoamérica, porque fue parte de la generación del ’27. Vino aquí en los años ’30, fue muy amigo de Victoria Ocampo, de toda esa gente. Viajó con Ortega y Gasset y es así que yo nací en un entorno bastante intelectual, y al mismo tiempo muy ligado a todo el tema del mundo hispánico. Latinoamérica y Argentina, Uruguay sobre todo, representan bastante para mí. Yo después fui a Inglaterra, me educaron los jesuitas en el norte y luego pasé por la Universidad de Londres e hice estudios latinoamericanos y una tesis sobre ciencia política. Y ahí, bueno, mi generación coincidió con el interés por el tema político de esta parte del mundo que eran los golpes de Estado, los regímenes militares y nosotros, que estábamos en la Universidad, comenzamos a tener conocimientos de las violaciones a los derechos humanos, como de la realidad de los muchos latinoamericanos que se venían a Europa con pasaporte de las Naciones Unidas, exiliados de una forma u otra.

–¿Y cuándo comenzó a trabajar en el periodismo?

–Da la casualidad de que cuando me metí en el periodismo estuve en los primeros años ejerciendo la profesión de corresponsal en Portugal y España, con la transición democrática después de la muerte de Franco en Madrid. Cubriendo eso o la revolución en Lisboa, momentos muy interesantes. Y allí me hice muy amigo de periodistas argentinos, gente de mucho rango que había trabajado por ejemplo para La Opinión, periodistas muy profesionales pero que habían tenido la desgracia de vivir un golpe militar y lo que eso supone.

–El último de sus libros se llama Papá espía y lo sitúa nuevamente en España, pero duran-te la Segunda Guerra Mundial. ¿De qué se trata la investigación?

–En cierto modo, el concepto del libro se explica por los que, de mi generación, hemos tenido padres que estuvieron en la Segunda Guerra Mundial, que siempre quisimos saber lo que hicieron ellos. Para nosotros era casi un sueño ideal que la generación de nuestros padres pudiera combatir al fascismo, al nazismo, a Hitler y todo eso. Pero yo no sabía exactamente qué había hecho mi propio padre. Y me di cuenta de que no hablaba mucho sobre esa parte de su vida en la Segunda Guerra. Sabía que no había sido soldado, porque no estuvo en el ejército británico, pero también sabía que había estado en algún momento en la embajada británica en Madrid a partir de la Segunda Guerra Mundial y que, obviamente, había conocido a mi madre española, porque se casaron en 1944.

–¿Con qué se topó en esa búsqueda?

–A partir de la muerte de papá, en el ’95, me puse este reto de averiguar un poco su historia. Empecé como todos los periodistas investigadores, a buscar fuentes, a hablar con sobrevivientes de esa época, mirar documentos clasificados o desclasificados, estuve en el archivo de Pilar Franco, en Estados Unidos mirando varios archivos, en Gran Bretaña también... y realmente comprobé que mi padre estuvo en la embajada británica en Madrid, oficialmente como primer secretario y jefe de información y prensa, que realmente era un puesto encubierto para un trabajo muy intenso de propaganda antinazi y de espionaje. Era un enlace clave dentro de la embajada en el servicio secreto británico y también en un sistema clandestino que los británicos montaron para contrarrestar la propaganda nazi en España y Portugal. Y no sólo en estos países. Por ahí pasaba el espionaje a Latinoamérica y Argentina sobre todo. Y el libro se llama Papá espía, porque él era eso.

–¿Su padre era diplomático de carrera?

–El era un editor. Publicaba libros, era amigo de gente como Graham Greene, era un editor muy conocido. Católico, para entonces tenía 30 o 31 años, así que era demasiado viejo para meterse como soldado. Y lo captaron en el Ministerio de Información, como se llamaba en ese entonces. En cierto modo, era un sector de los servicios que tenía a cargo toda la contrapropaganda que los ingleses querían desarrollar, sobre todo Churchill, en respuesta a la propaganda muy sofisticada de Goebbels y los nazis.

–¿Y en qué circunstancias conoció a su madre en Madrid?

–Obviamente, vuelvo a la figura de Gregorio de Marañón, porque ella era su hija menor, que además era la más querida por mi abuelo. Mi madre Mabel conoció a mi padre Tom Burns cuando él trabajaba como diplomático en Madrid.

–Usted nació en Madrid en 1953 y su infancia empezó directamente a transcurrir en Inglaterra. ¿Se fue muy rápido de España?

–Sí, yo nací en Madrid por casualidad porque estaba mi mamá allí visitando a unas amigas y se había quedado más de un mes de vacaciones. Me tuvo ahí. Era el más pequeño de cuatro hermanos y luego nos vinimos a Inglaterra. Pero toda mi vida he ido, desde pequeño, de un país al otro. Yo no sé si es por esa cosa freudiana de imitar inconscientemente al padre, pero cuando vine por Malvinas a la Argentina, me acusaron de ser espía británico, me arrestaron...

–Sus libros tratan sobre Lady Dy, Diego Maradona, el fútbol español, los golpes de Estado, Malvinas, su padre espía... ¿Con cuál de esos temas que investigó se siente más representado?

(Piensa). –Vaya pregunta... Me siento representado por diferentes libros. Por ejemplo, el de la Argentina y las Malvinas para mí fue un trabajo de investigación histórica y política muy importante. Porque era una manera de explicarme a mí mismo y a mis lectores lo que yo había vivido en ese momento. El libro sobre viajes también lo fue, porque era un encuentro muy personal por el continente latinoamericano a nivel de gente muy humilde, que a menudo no reflejamos en las primeras páginas o páginas centrales de nuestro diarios. Y luego, los de fútbol, yo diría que de los tres de fútbol, que son crónicas de cultura y política también, el de Maradona, La mano de Dios, para mí es muy importante porque fue un desafío intentar comprender el mito del futbolista, lo que es y supone dentro del país. Ese y el de mi padre resultaron los más difíciles de escribir. El de Maradona por la dificultad de penetrar en su mundo más íntimo y el de mi padre porque es muy difícil para un hijo escribir sobre él. Igual me parece muy objetivo, porque no lo intento defender. Por ejemplo, relato que durante la Guerra Civil Española estuvo muy a favor de Franco... Y como espía, fue un espía a veces fallado. No era un 007.

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Londres ofreció negociar las Malvinas

Documentos desclasificados revelan que el Reino Unido temía una invasión argentina

 

El Gobierno británico se planteó importar agua desde Noruega y bombardear las nubes con productos químicos para paliar la gran sequía que sufrió el país en el verano de 1976, según revelan los papeles secretos desclasificados al cabo de 30 años y accesibles desde ayer en los archivos nacionales británicos. Otros documentos, también desclasificados ayer, ponen de relieve la magnitud de la crisis económica que heredó ese año el Gobierno de James Callaghan y los temores del Foreign Office a una posible invasión de las islas Malvinas si no se entablaban negociaciones con Argentina para ceder algún tipo de soberanía sobre ellas.

Los funcionarios de Whitehall no parecían entusiasmados con la idea de traer agua desde Noruega en barcos cisterna y tenían dudas sobre la conveniencia de atacar químicamente las nubes para producir lluvia.

Sus alternativas, sin embargo, eran quizá aún más peregrinas, como la propuesta de construir diques en la bahía de Morecambe, en la costa oeste del norte de Inglaterra, para retener el agua dulce de los ríos antes de su llegada al mar. El Gobierno tuvo suerte porque a los pocos días, y durante un puente de vacaciones, los cielos estallaron con la ansiada lluvia y se acabó la peor sequía vivida por el país en 250 años. Ese mismo año, el Gobierno de Callaghan estuvo a punto de renunciar al programa de armamento nuclear Polaris porque su coste parecía inasumible.

Con la esterlina en caída libre y la economía por los suelos, los laboristas pidieron un préstamo de 2.300 millones de libras de aquel tiempo al FMI, pero éste exigía a cambio un agresivo programa de recorte del gasto público. El programa de armamento nuclear, que amenazaba con romper al Partido Laborista, estuvo por un tiempo amenazado para poder cumplir las exigencias del FMI. Aquella crisis, que en marzo le había costado el cargo a Harold Wilson, acabó sellando el regreso de los tories al poder de la mano de Margaret Thatcher.

Ironías del destino, Thatcher acabó afianzándose en el poder gracias a la guerra de las Malvinas tras la invasión de Argentina en 1982, que fue pronosticada en 1975 por el embajador británico en Buenos Aires, Derick Ashe, en documentos enviados al entonces jefe del Foreign Office y luego primer ministro, James Callaghan. Éste dio instrucciones a Ashe para que dejara entrever a los argentinos que el Reino Unido estaba dispuesto a negociar la soberanía de las Malvinas a espaldas de sus habitantes, aunque no iban a reconocerlo. Las conversaciones no cuajaron.

 

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Gran Bretaña planeó retirarse de la Antártida a mediados de los 50.

 

Documentos desclasificados por el Archivo Nacional británico revelaron que en la década del 50 el Reino Unido consideró cerrar todas su bases en la Antártida, no sólo por los altos costos que implicaba su mantenimiento, sino también debido a losfirmes reclamos de Argentina y Chile sobre ese territorio. Los planes fueron finalmente desechados. 

Los documentos conocidos ayer, y difundidos por la agencia Reuters fueron liberados bajo una norma que conserva algunos datos gubernamentales sensibles bajo llave durante 50 años por razones de seguridad nacional.

Las desclasificaciones se producen justo en momentos en que el Reino Unido y otros países trabajan para presentar, antes de mayo de 2009, un pedido para extender sus reclamos sobre el fondo marino que rodea a la Antártida -lo que produjo críticas conjuntas de Argentina y Chile-, y también el de la plataforma continental que rodea a Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, desantando por otra parte la protesta argentina, incluso del ex presidente Néstor Kirchner. Según reveló en octubre el diario The Guardian para el caso antártico el reclamo es de un millón de kilómetros más. 

"Es posible que el secretario de Relaciones Exteriores pueda recomendar a sus colegas de gabinete que el Reino Unido debiera retirarse de las Dependencias de Islas Falkland (Malvinas)" se lee en un documento de marzo de 1957 al Lord Presidente. Por entonces, se conocía como "Dependencias de las Islas Falkland (Malvinas)" a la península antártica, que también reclaman Argentina y Chile. La sugerencia de cerrar las bases en el continente blanco fue analizada por el Gobierno británico el 14 de marzo de 1957 y rechazada, según informó ayer Reuters

"La conclusión alcanzada fue que sería poco sólido considerar hacer cualquier cambio en el estatus en el sector del Reino Unido" dijo otra nota británica que quería mantener su influencia en la Antártida, luego de que Estados Unidos y la Unión Soviética incrementaran sus actividades en el área, y enfrentaran disputas territoriales con Argentina y Chile.

El informe indica que Gran Bretaña estaba gastando -según Reuters- 160.000 libras esterlinas anuales al año 1957 por mantener sus 10 bases antárticas. Se necesitaba además un rompehielos que habría costado entre 3 y 4 millones de libras, para mantener el ritmo de las actividades de su principal rival, Argentina.

Sin embargo, al sospechar que la región pudiese tener una vasta riqueza mineral, los británicos también quisieron proteger los beneficios económicos que podría representar ese territorio.

"Como un estado industrial, no podemos darnos el lujo de ser indiferentes a la existencia de una posible reserva de nuevos minerales vitales" indica uno de los documentos. El plan B británico fue proponer dejar todo el continente helado bajoalguna forma de control internacional.

Esto se convirtió dos años después en el Tratado Antártico de 1959, que prohibió toda explotación de petróleo, gas y minerales que no fueran para estudios científicos. Argentina, Australia, Chile, Francia, Gran Bretaña, Nueva Zelandia y Noruega -todos cercanos a la Antártica o con vínculos históricos- hicieron reclamos antes de que el tratado comenzara a regir-. Moscú y Washington no hicieron reclamos, pero se reservaron el derecho de hacerlo.

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La Noche en que se pudo evitar la Guerra de Malvinas

 

La Noche en que se pudo evitar la Guerra de Malvinas Todos sabían que ésas eran las últimas horas. Era la madrugada del 30 de abril de 1982,........ hace veinticinco años, y el conflicto por las islas Malvinas estaba por convertirse realmente en una guerra habían fracasado los dos intentos del secretario de Estado, Alexander Haig, por negociar una salida entre Londres y Buenos Aires, y Ronald Reagan se encaminaba a anunciar la cooperación de Estados Unidos con Gran Bretaña. Entonces, su embajador en Buenos Aires, Harry Shlaudeman, hizo su último y desesperado intento: le pidió al general Leopoldo Galtieri que la Argentina retirara sus tropas de las islas y éste aceptó planteárselo a los otros jefes de la Junta, según surge de los documentos secretos del gobierno norteamericano,. Aquella medianoche comenzó cargada. "Venimos sin instrucciones de la Casa Blanca, general. Queremos saber si hay alguna forma de evitar la confrontación fatal", le dijo el embajador Shlaudeman a Galtieri. De inmediato le blanqueó que se trataba del epílogo diplomático: "No hemos recibido una respuesta a nuestra última propuesta. Si se sigue así, mañana anunciaremos varias medidas contra la Argentina".

 

La reunión de Shlaudeman con Galtieri comenzó cerca de la medianoche, en la sede de la jefatura del Ejército, según el diplomático precisó en diálogo con un reportero de la prensa, desde su casa en California. "Recuerdo que aquélla fue una larga noche. La recuerdo muy bien. Conversamos una hora y media o dos y volví a mi embajada a escribir el cable y dormir unas horas", rememoró. El entonces embajador de los Estados Unidos se reunió con Leopoldo Galtieri para pedirle que retirara las tropas argentinas de las islas. Ante la negativa, el enfrentamiento comenzó Hace veinticinco años se realizó el último intento desesperado por evitar la Guerra de las Malvinas. Los detalles quedaron inmortalizados en documentos secretos del gobierno norteamericano. "Venimos sin instrucciones de la Casa Blanca, general. Queremos saber si hay alguna forma de evitar la confrontación fatal", le dijo el ex embajador norteamericano en Buenos Aires al entonces dictador Leopoldo Galtieri. "Si se sigue así, mañana anunciaremos varias medidas contra la Argentina", le advirtió el diplomático Harry Shlaudeman. Estos datos constan en los documentos, los cuales fueron desclasificados del área de Archivos de Seguridad Nacional (NSA, en inglés) de la Universidad George Washington, con el profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Marcos Novaro.

 

El encuentro se realizó en la jefatura del Ejército, la madrugada del 30 de abril de 1982. "Estábamos todos muy cansados y descorazonados. Sabíamos que era la última chance", recordó el ex embajador. Como un "gesto de buena fe", Shlaudeman le pidió a Galtieri que retirara sus tropas. Sin embargo, el general le explicó que él era "sólo uno de los tres que toman las decisiones". A la mañana siguiente, volvieron a reunirse, esta vez en la Casa Rosada. La respuesta del general fue negativa. "La Armada está hambrienta por entrar en acción", según publicaron los diarios de aquel tiempo Ya no había nada que hacer. Ese mismo día, Ronald Reagan anunció el apoyo abierto de los Estados Unidos a Gran Bretaña. El bombardeo a Puerto Argentino comenzó horas más tarde, el 1º de Mayo La Guerra de las Malvinas o Guerra del Atlántico Sur fue un conflicto armado entre la Argentina y el Reino Unido ocurrido en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 por la soberanía sobre estos archipiélagos australes tomados por la fuerza en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido. Sin embargo, la Argentina los sigue reclamando como parte integral e indivisible de su territorio, considerando que se encuentran "ocupados ilegalmente por una potencia invasora" y los incluye como parte de su provincia de Tierra del Fuego.

 

El saldo final de la guerra fue la reocupación de los tres archipiélagos por el Reino Unido y la muerte de seiscientos cuarenta y nueve militares argentinos, doscientos cincuenta y cinco británicos y tres civiles isleños. En la Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la Juntas Militar que gobernaba el país y que había sucedido a otras Juntas Militares instauradas tras el golpe de 1976 y la restauración de la democracia como forma de gobierno. Por otro lado se sostiene que la victoria en el enfrentamiento permitió al gobierno conservador de Margaret Tatcher lograr la reelección en 1983.
Por Donanfer

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